lunes, 20 de abril de 2009

El que se pica, ajos come

Pesa sobre mí una acusación de libelo.
Increíble. Intolerable. Absurdo.
Te pongo la definición de la RAE por si no sabes de lo que estoy hablando (y por si acaso te digo también que la RAE es la Real Academia Española de la Lengua, ya sabes, esos meapilas que deciden que whisky se escriba güisqui y que el CD sea el cedé): “Escrito en que se denigra o infama a alguien o algo”.
¿No es lo más ridículo que has oído en tu vida?
Que considere que todas las obras de la literatura universal son pura bazofia no es libelo, es una opinión personal.
Que asegure que mi nieta la pequeña es una zorra no es una infamia, es la constatación de un hecho científicamente demostrable.
Deberías ver cómo se viste, hijo. O cómo no se viste.
No entiendo la obsesión de las jovencitas de hoy en día por emular la moda de las profesionales del sexo. De las putas. Las rameras. Las fulanas. Meretrices. Cortesanas. Mesalinas. Hetairas. Lumis. Pelanduscas. (Oh, cómo me gusta esta palabra en particular).
Esas botas de tacón hasta la rodilla.
Esas falditas minúsculas semejantes a un cinturón.
Esas camisetas ajustadísimas que con un poco de suerte, y si no se mueven mucho, les cubren los pezones. (Bien marcados, por cierto, demostrando que las mujeres ya no llevan sostén).
Esos tirachinas que son una evolución aberrante de unas buenas bragas de algodón y que no cubren lo que tienen que cubrir.
Qué vergüenza.
¡Cochinas!
Pero me apuesto la pensión (no te emociones, porque es una birria) a que a ti se te cae la baba cada vez que ves una jovencita con semejante facha (sí, sí, como la tetona, no te creas que me he olvidado).
Lección del día, hijo: “Dios tiene una caña muy larga que a todas partes alcanza”.
Ya te gustaría a ti tener una de esas ¿eh?

1 comentario:

mira mamá dijo...

lamento desilusionarte, pero los tirachinas de los que hablas no me gustan. Me producen cierta angustia, tengo la sensación de que tiene que estar incómoda la que lo lleva y eso me incomoda a mi. Que cosas. Claro que para quitarlos es más facil, tiras de una esquina, como de un cordón de zapatilla, y se cae todo lo demás.