Para Marco.
Resulta que mi nieta la licencia es una pirómana, hijo.
Pero no en el sentido habitual del término. No es que le guste convertir mi bote de laca para el pelo en un lanzallamas, ni que disfrute haciendo fogatas en su habitación con una cerilla, un poco de disolvente y los cuadernos donde escribo este blog.
Lo que pasa es que es adicta a las piras.
Lo que pasa es que le encanta gastar un montón de dinero apuntándose a cientos de cursos para luego faltar a clase a la menor oportunidad.
Lo que pasa es que obtiene placer quedándose en casa tirada en el sofá y viendo la tele cuando debería estar aprendiendo algo útil, para variar.
Reconozco que al menos la niña tiene talento para buscar excusas que justifiquen sus ausencias. En lo que llevamos de curso ha tenido la gripe A dos veces, ha sufrido horribles calambres menstruales en seis ocasiones, ha experimentado mareos y náuseas matutinas tres días seguidos (seguramente provocadas por un embarazo psicológico, porque como el padre no fuera el Espíritu Santo…) y ¡oh! mi favorita, la pobre se ha visto obligada a enterrar a su abuela, o sea una servidora, dos veces en el mismo mes (una que es dura de pelar y se ha apuntado a eso de la resurrección).
Mi hija se pone mala cada vez que la niña hace pira, pero a mí me encanta. Porque es realmente divertido verla poner cara de enferma y voz de moribunda.
-¿Me puedes hacer un zumo, abuelita? Es que no me encuentro bien.
Sí, claro. ¿Acaso tengo cara de exprimidor?
-Ah, ¿pero estás enferma? ¿Y qué te pasa?
-Que estoy resfriada.
Le pongo la mano en la frente y está más fría que mi primer cadáver.
-Estás ardiendo, hija. Vamos, vamos al baño. Hay que darte una ducha con agua helada para que te baje la fiebre.
-¡Que no, abuela! ¡Que no me quiero bañar!
-Que sí, hija, que sí. Y luego te metes a la cama y duermes un rato mientras yo te preparo algo que te va a quitar el resfriado en un santiamén.
-¡Abuela, que no! ¡Que estoy bien aquí viendo la tele! ¡Y no quiero ningún mejunje asqueroso!
-Calla, hija, calla, que estás delirando por la fiebre. Primero la ducha, luego la cama, y luego te doy unas friegas con Vicks VapoRub para abrir los pulmones...
-¡Ni de coña, que eso huele fatal!
-... y te corto unas cebollas para ponerte en la mesilla, que dicen en la tele que son buenas para los mocos y…
-¡Déjame, abuela! Olvídalo. Mira, ya me siento mucho mejor. ¿Sabes qué? Me voy clase.
Está claro, hijo. El alma teatrera la heredó de mí.
Hace 16 horas

Nueve.