
Contenido de la ENORME maleta de doña María:
1 machete
1 caja de matarratas
1 vestido negro
5 bragas
40 pañuelos bordados
(Suerte que viajo en tren, porque con semejante equipaje, en el aeropuerto me arrestan por terrorista seguro)
No me voy al Caribe con el Imserso, hijo. ¡Ya me gustaría! (Lo de rodearme de viejos no, pero lo de tirarme al sol en la playa sería estupendo. Sobre todo porque estaría muy lejos de casa y podría ponerme en bañador sin pasar vergüenza).
Me voy al pueblo a visitar a la familia y, por si te lo estás preguntando, todo lo que llevo en la maleta tiene su razón de ser.
El machete es para abrirme paso entre la maleza que se habrá apoderado del jardín de mi casa. La caja de matarratas, para las alimañas que se habrán hecho fuertes en el interior. El vestido negro, para el funeral al que tendré que asistir, porque siempre que voy al pueblo algún conocido se muere (lo cual es normal teniendo en cuenta que toda la gente que conozco es octogenaria y está mucho peor que yo). Las bragas... eso está claro, ¿no? Y los pañuelos son para regalar a mis hermanas, a mis cuñadas, a mis primas, a mis amigas... en definitiva, a todas las mujeres del pueblo que siguen con vida.
Sé que la maleta va un poco vacía, pero así tendré espacio suficiente para traerme las patatas, los pimientos, los chorizos, el tocino y las calabazas que mi familia se empeñará en regalarme porque se piensan que en la ciudad, como no tenemos huerta ni corral, no nos alimentamos.
Y con la maleta preparada, estoy haciendo la ronda de despedidas. Le he dicho adiós al sillón con la forma de mi trasero, al mando de la tele con el número 1 borrado, al perro castrado, al gato perdido, a las nietas descarriadas y me faltabas tú, hijo. El único al que voy a echar de menos. Así que...
Adiós.
Volveré dentro de once días. Si en ese tiempo surge una emergencia, ¡a mí no recurras!
Esta abuela cierra por vacaciones y se va a un pueblo perdido donde no saben qué es eso de Internet.