miércoles, 13 de enero de 2010

Toc, toc, toc...

Alguien dijo una vez: “El número de tontos es infinito”.
No sé si fue Cervantes o Dios. Tal vez fui yo, pero el caso, hijo, es que a esa frase, para convertirla en una verdad absoluta, habría que añadirle: “Y la gran mayoría vive en el mismo edificio que doña María”.
Te lo demostraré.
8:30 de la mañana.
Salgo de casa. Cojo el ascensor. Me miro en el espejo y me doy cuenta de que se me ha olvidado peinarme. Con una mano me atuso el cabello y con la otra pulso el botón. Antes de conseguir domar la cresta que me ha salido en la cabeza, llego a mi destino y me bajo.
Me planto frente a la puerta de mi hija y llamo con los nudillos.
No me abre nadie.
“Demonios. Ya están fingiendo otra vez que están dormidas.”
Meto la llave en la cerradura pero no consigo hacerla girar.
Oigo movimiento tras la puerta, pero mis nietas siguen sin abrir.
“Muy graciosas. Pero cuando os vayáis a trabajar pienso revolveros todos los cajones. Os pondré los sostenes en el lugar de los calcetines y las bragas en el congelador.”
Vuelvo a golpear con los nudillos. Esta vez más fuerte, mucho más fuerte.
Y entonces un grito al otro lado me produce un mini infarto de corazón.
-¡Largo de mi casa! ¡He llamado a la policía y estoy armado!
Me quedo patidifusa. Pero, pero, pero... Las palabras no me salen. Pero, pero, pero... ¿y este quién es?
-¡Que te largues de una vez, coño!
Un deslenguado. Eso es lo que es. Semejante muestra de mala educación pone fin a mi patidifusidez. Y empiezo a gritar:
-¡Soy yo la que va a llamar a la policía! ¡Ésta es la casa de mi hija! ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Hay un ladrón en casa de mi hija! ¡Socorroooooooo!
La puerta se abre de golpe y aparece un tipo enorme con barba y un cuchillo en la mano. Vuelvo a gritar:
-¡Quiere matarmeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!
Más puertas se abren. Empiezan a salir los vecinos y...
...y resulta que no son los que viven en la primera planta con mi hija. Son los del segundo.
“Ay, ay, ay. ¿Qué botón pulsé en el ascensor? Ay, ay, ay. Ya la he vuelto a liar.”
-¿Está bien, doña María?
-¿Qué le pasa, doña María?
-¿Quién la quiere matar, doña María?
El hombre del cuchillo, que resulta ser un pariente de mis vecinos que ha venido a pasar las navidades, me dice:
-Lo siento mucho. No la vi bien a través de la mirilla y pensé que era usted algún drogadicto que quería robarnos.
Me deja patidifusa por segunda vez. ¿Un drogadicto? ¿Yo? ¿Un ladrón? ¿Yo? ¡Si tengo casi 85 años y voy en zapatillas de andar por casa!
“Atontado.”
Y suben mis nietas y bajan los vecinos del resto del edificio y la escalera se llena de gente en pijama y, para poner la guinda al pastel, aparece una pareja de policías.
Me agarro al brazo del agente más guapo y les digo:
-Gracias a Dios que han venido. ¿Me harían el favor de arrestar a este hombre por estupidez?

17 comentarios:

Pilar Cabero dijo...

¡Madre del amor hermoso! Doña María, si es que le pasan unas cosas...
¿Qué tal con el policía guapo, picarona?
Besitos

Yoryi dijo...

Jope que gente mas rara vive en su edificio doña Maria, los del mio son muy normalitos.
Y que me dice, le va a dar a sus nietas un abuelo policia jajaja.

ChicaGuau dijo...

Doña María,
qué cosas tan raras le pasan a usted, jaja.
¡Un beso!

Victoria Rodríguez dijo...

Menudo guirigay forma usted por menos de nada, Doña María. Con usted los vecinos no se aburren, no. Ya nos contará qué tal le ha ido con ese agente tan aparente...

Dara Scully dijo...

El detalle de las bragas en el congelador me lo apunto para el futuro.

Cómo me hace disfrutar, Doña María. Es de las pocas que lo logran ;)

¡miau!

Víctor dijo...

Por Dios, doña María, tendría que ser un delito hacer reír TANTO!!! Es que aún me estoy riendo a carcajadas, mientras escribo este comentario aajajajajaja! Es usted mi diosa.

¿Cómo acaba la cosa con el policía? O eso ya lo deja para la siguiente entrada??

Ana Iturgaiz dijo...

Y el poli, ¿cómo era? ¡Cuente, cuente! Como se parezca en algo a los bomberos que aparecen en los calendarios esos que están tan de moda, ya la veo luciendo una sonrisa de treinta centímetros para el resto del año (ahora que como tenga algo que ver con los que se ven por la calle... no le envidio la ganancia). ¡Suerte con lo suyo!

Camaleona dijo...

Rabos de pasa para recordar los números en los que viven sus nietas...

Nerea dijo...

Te sigo vale? Espro que te pases por mi rincón! Un besazo :)

Diane Ross dijo...

Jajaja, vaya le hizo usted, Doña María.
¿Qué y el policía era guapo? xD

Ángeles Ibirika dijo...

¡Por Dios, Doña María! Cualquier día se muere usted de un infarto, o consigue que se lo dé a uno de sus vecino! ¡jejeje!

Yo quiero saber, al igual que Ana, cómo de cachas estaba el policía, la zona en la que patrulla, y a poder ser también el horario… Después ya veré qué hago con la información ;-)

Un besote, doña.

Nieves Hidalgo dijo...

Pues mire usted, Doña María. Estaba aburrida y me he dicho: voy a darme una vuelta por ahí, a ver qué encuentro.
¡Y me la encuentro a usted con los pelos de punta y pidiendo socorro!

Desde luego, alegra usted mis tardes. Gracias por eso.

Besos

eltauromquico dijo...

Pensar que en un dia muy cercano muchas blogueras se trasformaran en Doña María...

ANA dijo...

Gracias por el comentario, Doña María... Sus historias sí que tendrían que llevarse al cine... Hay que ver lo que da de sí un bloque de vecinos...

En el mío somos tres.
La de arriba, la gran foll... universal, cada finde con un novio distinto... y la del primero, la fantasma... sólo me la cruzo en las tiendas...

Y en mitad des sandwiches... servidora y su santo esposo...

Ahora me ha dado por el mapa bagua y estoy desorientándolo todo...

Lo que hay que aprender de los chinos Doña María, una barbaridad!

Nerea dijo...

JAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAA
Me ha encantado. Y de estas cosas hay miles x el mundo! Un beso!

El Rincón de Jennifer dijo...

Hola Doña Maria!
Esa fue muy buena, a usted le pasan cosa muy graciosas.
Su blog es genial y es uno de mis favoritos
Tengo tu blog enlazado en mi pagina :)
Besos!!

Maletona dijo...

Anda que vaya vecino...guárdesela Doña María!