miércoles, 16 de septiembre de 2009

Centrifugado

Hoy llueve.
Cuando llueve no salgo a la calle por una sencilla razón.
La lluvia es agua. El agua encoge. Y si yo continúo encogiendo, terminaré por desaparecer.
(Dado que eso haría muy felices a mis nietas, obviamente no estoy por la labor).
Dice mi médico de cabecera (que es experto en cubatas de ron con coca-cola y no es ni la mitad de listo que el doctor House) que los viejos no encogemos, nos encorvamos.
Por aquí.
Vale que soy capaz de seguir un rastro porque mi nariz cada vez está más cerca del suelo. Y vale que me ha salido una chepa que mis nietas se dedican a frotar en busca de suerte (por cierto, zorras).
Pero yo he encogido. Antes era una uva grande y jugosa y ahora me he convertido en una pasa minúscula y asquerosa. Tengo una antigua minifalda que me llega por los tobillos para demostrarlo.
Me han metido en la lavadora de la vida y he salido hecha un guiñapo.
Porque el tiempo encoge. Pero también alarga.
Y si no que se lo digan a mis orejas, que a punto están de rozarme los hombros, o a mi nariz, que si sigue creciendo me colgará tanto como mis t…
(Censurado por razones de etiqueta. Pero vamos, la última palabra tiene cinco letras y rima con setas)
Los efectos del agua y del tiempo son inescrutables. Bueno, no tanto. Pero lo que no es inescrutable es lo que está pasando por tu cabeza ahora mismo, hijo. Los hombres sois muy predecibles. Porque lo que a ti de verdad te interesa saber es: “Cuando llegue a los 80 ¿mi soldadito encogerá o se alargará?
No te voy a robar la sorpresa.

3 comentarios:

Liki dijo...

Qué gran verdad (lo del Dr. House, ningún médico es tan listo como él).
Hum... A mí me explicaron en el instituto que con la edad la gente encogía y lo único que no dejaba de crecer nunca, es la nariz. Es decir, que tienes razón en todo jejeje. Lo último no me ha quedado muy claro, pero tampoco estoy muy segura de querer saberlo...

Ayr dijo...

¿La nariz crece con la edad? ¡Joder! por eso cada vez que me veo en el espejo me parece que tengo la cara más pequeña. ¡Ay, Dios, no me quiero imaginar con tus años.

Diles a las z. de tus nietas que te compren un espejo de esos que hacen más altos y otro de lo que hacen más bajos para que lo uses según la necesidad del momento.

Doña María dijo...

Mis queridas niñas,
aprovechad ahora que sois jóvenes y lozanas porque cuando lleguéis a mi edad ni espejos mágicos ni leches. Esto no hay forma de arreglarlo. Aunque no hay mal que por bien no venga. Como ya te pareces a la bruja de Blancanieves no necesitas disfraz en carnaval.